Hay una sensación muy concreta que aparece cuando un inicio funciona. Es ese momento en el que el lector piensa: vale. Ya sé qué tipo de lectura es esta.
A veces no lo sabe con palabras. No podría explicarte el argumento, ni el worldbuilding, ni el arco del protagonista, pero lo intuye. Lo huele. Se nota en el cuerpo: se queda un poco más quieto, lee un poco más lento, y ya no está buscando excusas para cerrar el libro.
Eso es la promesa.
Cuando una novela no engancha, muchas veces no es porque falte talento. Es porque el texto no está haciendo ese pacto invisible con quien lo lee. Está empezando, sí, pero no está prometiendo.
En fantasía y juvenil esto es todavía más importante, porque el lector abre la puerta sabiendo que puede encontrarse cualquier cosa: magia, reinos, colegios, romances, profecías, humor, oscuridad, épica, intimidad… Si tú no lo orientas, su cabeza lo hace por su cuenta. Si su expectativa choca con lo que le das, se va. No por mala leche. Por desajuste.
Qué es la promesa de historia
La promesa de historia es la respuesta a esta pregunta: ¿Por qué debería seguir leyendo?
Es la mezcla de:
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género (qué tipo de experiencia es),
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tono (cómo se siente),
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deseo (qué quiere el protagonista),
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riesgo (qué se juega),
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y una pregunta (qué quiero descubrir si sigo).
La promesa no se explica. Se demuestra con escenas, decisiones y detalles con intención, lo que conocemos en el mundillo como show me, don’t tell.
Lo que el lector necesita en 10 páginas
En 10 páginas no tienes que presentar todo, pero sí necesitas dejar claras estas cinco cosas. Si faltan, el lector no se enfada: simplemente no se agarra a nada.
1) Un protagonista con dirección (aunque sea mínima)
No me vale te presento su vida. No al menos de una forma fría y analítica. En juvenil, la dirección puede ser pequeña: encajar, huir, proteger, demostrar, sobrevivir, esconderse, recuperar algo. Lo que sea. Pero tiene que existir.
Si tu protagonista no tiene cuerpo y vida, el lector no tiene a qué sujetarse. Y entonces el texto se lee como quien mira por una ventana: bonito, pero lejano.
2) Un mundo que presiona (no un mundo que adorna)
El error típico: meter worldbuilding como decoración o porque te lo has currado tantísimo que no quieres que nadie se pierda ningún detalle.
La promesa aparece cuando el mundo tiene consecuencias: algo está prohibido, algo está en peligro, algo se castiga, algo se desea, algo se teme. No hace falta explicarlo todo. Hace falta que el lector entienda: “este mundo tiene reglas, y esas reglas van a golpear a alguien”.
3) Una tensión que ya está viva
Tensión no es acción. Tensión es fricción. Puede ser una amenaza pequeña, una mirada rara, una norma injusta, un secreto, una oportunidad peligrosa. Pero tiene que haber algo que incomode la calma.
Si las primeras 10 páginas son solo normalidad, el lector se da permiso para irse. Porque todavía no ha empezado nada.
4) Una pregunta
Una pregunta que genere expectativas, no un misterio confuso. La diferencia:
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Misterio: ¿por qué le persiguen? / ¿qué pasa si descubren su marca?
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Confusión: no entiendo quién es quién ni por qué está pasando esto.
La promesa se genera cuando el lector formula una pregunta y siente que la respuesta merece su tiempo.
5) Un tono coherente con el género
Esto parece básico, pero me he encontrado creativos del género que no entienden que para hacer disrupción hay que entender lo que se está haciendo. Fantasía juvenil suele prometer ritmo, emoción, identidad, relaciones intensas, conflicto claro y una voz cercana. Si tu inicio suena a crónica épica antigua, quizá está bien escrito… pero no está prometiendo lo que tu público espera.
Al revés también pasa: si tu novela es épica adulta y la abres como si fuera comedia YA, el lector se va a sentir engañado aunque el texto sea bueno. La promesa es también una cuestión de honestidad y conocimiento sobre quién te va a leer.
Cómo construir la promesa
Paso 1. Escribe tu promesa en una frase: El formato útil es: Protagonista + deseo + presión del mundo + consecuencia. Ejemplo: X quiere ___, pero en este mundo ___, y si falla ___.
Paso 2. Si no puedes mostrarlo en 10 páginas, no lo metas aún: No necesitas meter historia antigua, mapa del reino, genealogías, nombres de tres ciudades o explicación completa del sistema mágico. Necesitas que el lector sienta el mecanismo. Regla práctica: En 10 páginas, máximo 1–2 conceptos nuevos.
Paso 3. Que el mundo tenga un problema: El método más limpio para prometer fantasía sin explicar fantasía. Di una regla del mundo o muestra una consecuencia para el protagonista
Paso 4. Desarrolla un buen cliffhanger: Los cierres con la clave. Por ponerte ejemplos: aparece una amenaza concreta, se rompe una norma, se descubre un secreto, se toma una decisión, alguien observa al protagonista con intención. No necesitas algo llamativo, sino algo que quiera hacer que el lector avance.
Señales de que tu promesa está floja
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Tu capítulo 1 podría pertenecer a cualquier género si cambias dos nombres.
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En 10 páginas no hay deseo claro ni fricción real.
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Hay mucha información, pero poca emoción.
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El mundo está descrito como postal, no como presión.
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El final de las 10 páginas no abre ninguna pregunta clara.
Test rápido. Marca SÍ/NO
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¿Se entiende qué quiere el protagonista?
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¿Existe fricción desde el inicio (algo que complica su deseo)?
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¿El mundo aparece con una regla y una consecuencia?
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¿El tono encaja con el género (YA/fantasía/romantasy/etc.)?
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¿Hay una pregunta clara que el lector quiera responder?
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¿He evitado explicar más de 1–2 conceptos nuevos?
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¿Al final de las 10 páginas algo cambia o amenaza con cambiar?
Si tienes 5 o más SÍ, has desarrollado una buena promesa. Ahora toca revisarla.
Si tienes 4 o menos, tu inicio necesita construirse más.
Si aun así, necesitas ayuda profesional, tengo un servicio que es Informe textual, donde te analizo los tres primeros capítulos de tu novela para saber si engancha, si tiene buena presentación de personajes y qué tipo de público querría leer tu novela.
Contáctame a info@ericsyerix.com para saber más.
